SALMO 17 CLAMOR DEL INOCENTE BAJADO DE LA PÁGINA www.comjesus.org/salmosNTERNET
SALMO 17
CLAMOR DEL INOCENTE
Escucha, Señor, mi apelación,
atiende a mis clamores;
presta oído a mi súplica,
que no proviene de labios mentirosos.
Emane de tu rostro mi sentencia,
vean tus ojos dónde está la rectitud.
Aunque sondees mi corazón
y lo examines de noche;
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás en mí malicia alguna.
Mi boca no ha faltado
como suelen los hombres.
Conforme a la palabra de tus labios,
he respetado los caminos prescritos:
mis pies no han vacilado,
mis pasos se han mantenido en tus huellas.
¡Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío!
Inclina hacia mí tu oído, escucha mis palabras,
muestra las maravillas de tu amor,
tú, que salvas de los agresores
a quien se refugia a tu derecha.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme
lejos de los injustos que me oprimen,
de los enemigos mortales que me cercan.
Cierran su corazón con grasa
Y hablan con boca arrogante,
ya me rodean sus pasos,
clavan en mí sus ojos para arrojarme por tierra.
Parecen un león, ávido de presa,
un cachorro de león agazapado en su guarida.
¡Levántate, Señor! ¡Hazles frente! ¡Derríbalos!
Que tu espada me libre del malvado,
y tu mano, Señor, los expulse de la humanidad,
fuera de la humanidad y del mundo:
¡Sea esa su herencia en esta vida!
Llénales el vientre con tu despensa:
Que se sacien sus hijos
y dejen las sobras para sus pequeños.
Pero yo, con justicia veré tu rostro;
al despertar me saciaré con tu semblante.
Comentario
Durante todo el texto podemos ver que el salmista pide suplicante la ayuda de Dios, pide ser escuchado por el Señor, para eso recurre a declarar su inocencia, se agarra a esa inocencia para reclamar de Dios justicia. El salmista se juzga según la ley de Dios. Reconoce que Dios puede sondear la conciencia y el corazón del hombre.
Podemos pensar que esta oración suplicante nace en el templo que probablemente podía funcionar como un tribunal, donde el justo acude para pedir auxilio, las palabras "noche" y "amanecer", hacen pensar que al amanecer del día siguiente pueda dictarse sentencia, a lo cual él anteriormente (en la noche), acude a Dios suplicándole que haga justicia; argumenta que su conciencia, sus labios, sus pasos; es decir, todo su totalidad en cuanto persona no se han desviado de las huellas de Dios. Reconoce a Dios como Señor y dueño de todo, incluso de nosotros mismos, por eso ante Él presenta su declaración de inocencia.
Cabe también señalar que el salmista se siente completamente solo, por lo que busca la protección de Dios (Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme). El justo cree que Dios escucha su súplica, que es su protector, que considera al justo como a las niñas de sus ojos, como su tesoro más amado. El salmista nos hace ver que Dios con su rostro, sus labios, sus huellas, sus ojos, es decir con todo su ser, se compromete de tal manera con nosotros recordándonos su alianza perpetua de amor y de entrega.
De tal manera, hoy para nosotros, a la luz del Nuevo Testamento Cristo es nuestra fuerza, ya que se ha comprometido de tal manera con nosotros que esa protección de Dios se hace más tangible, Jesucristo encarna esa alianza de Dios con nosotros. Él es nuestra fuerza, nuestro sol y nuestro escudo.
Jesús se comprometió y sigue comprometiéndose con los perseguidos, con los afligidos, con los abandonados, los marginados, y todos nuestros hermanos que de alguna manera, como el justo del salmo, se sienten solos y perseguidos. Jesús incluso nos dejó una clara enseñanza de que esta alianza cuando dijo: «Dichosos los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos» y también en el Evangelio de Juan cuando Jesús afirma que conocía el interior de las personas (2, 25).
Hoy como el salmista, confiemos que Dios es nuestra protección, que Jesús es nuestra fuerza, que no estamos solos ante las dificultades de la vida, pero también como el salmista reconozcamos a Dios como Dueño y Señor de nuestra vida y confiémosle todo nuestro ser.



